“COCH-TSE-NO-JUABN-AY: TE LLENARÁS DE PENSAMIENTO”*[1]


autonomia artesanal

JUAN CARLOS JACANAMIJOY JUAJIBIOY

E-mail: jcjacanamijoyj@gmail.com

Web site: http://grupokillakams.blogspot.com  

 

Es una frase muy común entre los camsá. La madre se lo dice a su hijo que sale de casa y muy probablemente no llegue ese día; la maestra en la escuela se lo dice a un estudiante que quizá no haya cumplido cabalmente con sus tareas y lo dice también la esposa a su marido que sale a la gran ciudad a “buscar oportunidades”; literalmente podría significar “pondrás tu corazón rondando sobre tu cabeza”, palabras profundas que solo le están reservadas “a quien concibe la vida” la mamita. –Mamita- decimos con cariño, no solo a nuestras madres en el pueblo camsá, sino a las mujeres que no siendo nuestras madres, son madres de otros hermanos nuestros, entonces el término amplía su espectro y condensa a todas las mujeres que han “teñido de su color a un ser que camina”.

El acto de nacer para los camsá es literalmente “teñirse de la sangre de la mamá”, pero antes de nacer hay que “acomodar” al bebé en el vientre y ese vientre, casi siempre ha estado cubierto por “hilos trenzados de color”; en tiempos donde la figura femenina se ha banalizado a tal punto de someterla a “vivir en desnudez permanente”, nuestras hijas, las “encargadas de plantar el maíz” ya no quieren vestir sus propios colores, pues sus oídos frágiles han escuchado durante mucho tiempo la siguiente frase: “esas indias…” , quizá lo hayan escuchado jugando junto a “niños blancos o colonos” en sus colegios, o se lo han dicho en sus sitios de trabajo, quizá a la entrada de los claustros universitarios o en nuestro nicho posmoderno de encuentros y desencuentros: el “feis”.

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Una mujer camsá ha de prepararse para gestar la vida, desde su infancia, desde el momento mismo que sus abuelitos pronuncian las siguientes palabras al nacer: “¡A pay…uabuayá!”. La expresión uabuayá en lengua camsá literalmente significa “quien cocina”. Pero antes de que muchos ojos, mentes y bocas señalen “marcadas tendencias machistas” de nuestro pueblo, quiero decirles también que esa misma expresión significa “quien pone nombres”, “quien bautiza”, por decirlo de alguna manera. “Las mamitas que ponen nombres”, esas mamitas obreras, sembradoras de maíz, lavanderas y cuidadoras de niños, ahora se ven enfrentadas a una gran paradoja: “igualdad de derechos, deberes y obligaciones”.

mamitas-autonomia artesanal

Para los camsá están definidas desde el momento mismo del nacimiento las tareas que niños y niñas han de desarrollar durante sus vidas, así como para la mujer está definida la tarea específica de sembrar, al hombre se le ha asignado el deber de proveer “buena leña” en su hogar, con la que se ha de producir “buen fuego” y se ha de cocinar “buena comida”. –Ashtacoyá-, en lengua camsá, que literalmente puede significar “quien raja leña”, pero que también indica la labor masculina de “ahuyentar el mal espíritu y proteger a los de adentro”; de esta forma, labores femeninas y masculinas son complementarias, una buena comida solo es posible, si y solo si, el hombre ha provisto de buena leña a su mamita, pero los camsá no nacemos viejos, nacemos como todos los seres humanos en la tierra, jugamos, crecemos, estudiamos, trabajamos, nos preparamos para el ejercicio de la autoridad, “hombres y mujeres en perfecta sincronización y armonía para que la vida siga”.

El ejercicio de “llenarse de pensamiento” o “poner el corazón a rondar sobre la cabeza”, podría calificarse como un acto emocional, y para la racionalización foránea carecería de validez; razón y emoción deben ir sobre “carriles independientes”, “tendrás tu mente fría así tu corazón esté ardiendo” educa el “hombre que vende” a sus hijos, quienes educarán a los suyos de la misma manera, pero nosotros, hombres que nos arrullamos entre historias antiguas rodeando “la piedra que arde”, mujeres que zurcieron los ángulos de la bóveda celeste y niños que aprendieron a consentir a su madre desde que sale el sol, hasta que se oculta, “milenarios sabedores de historias” permanecen hoy re-creando el cuento de la vida, mientras se declara su “muerte física y cultural”; la muerte para el camsá está definida como “cuando la vida se oculta” y así como representa un milagro el acto de ver la luz de la vida “teñido de la sangre de la madre”, es un milagro también el hecho de que nuestros cuerpos y nuestros huesos descansen sobre la Madre Responsable quien nos alimentó durante nuestro corto despertar; morir es un acto más que solo desaparecer, morir en nuestro pueblo es “sembrar la memoria en los que vienen atrás”, y los dos actos solo dependen de la voluntad de Nuestro Mayor ­-Bëngbe Bëtsá-.


* Extracto de ponencia que se presentará a calificación al “Primer Congreso Internacional: Los pueblos Indígenas de América Latina” Oaxaca, México, Octubre de 2013.

 

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